Estudio Biblico – Sabiduria Occidental

Espiritualmente hablando, decimos que ésta, la contemporánea, es la época más oscura para los propósitos de la divinidad, pues nos encontramos en el nadir del materialismo. Empero, esto pasará y brillará lo eterno otra vez. La ‘oscura’ Edad Media fue una fuente enorme, un caldo de cultivo extraordinario para el conocimiento y resurgimiento espiritual y de lo que algunos llamamos esoterismo, la alquimia del espíritu, en donde “el impulso espiritual seguía fluyendo y, desde el punto de vista oculto, era en realidad la “Edad Brillante, comparada con el creciente materialismo de los últimos trescientos años, que han aumentado los conocimientos físicos inmensamente, pero casi han extinguido la Luz del Espíritu”.

Y eso infortunadamente está sucediendo en la época actual del boyante consumismo y de los más inimaginables adelantos científicos. Leamos, empero que “cuando un hombre vive casi exclusivamente una vida superior, sus vehículos espirituales se nutren con detrimento de los inferiores.

Por el contrario, cuando su conciencia está enfocada en los vehículos groseros, éstos se robustecen inmensamente. (Max Heindel – El Velo del destino): Ahora, hay caminos que la Iglesia u otras órdenes místicas cristianas o no pueden señalar y uno de ellos es el Camino de la Iniciación y el otro, el camino de la Fe suprema y de la Oración verdadera. Ambos, unidos en la locución latina ‘ora et labora’ que expresa la vocación y la vida espiritual de alabanza a Dios junto con el trabajo diario y el Servicio compasivo, hacen la fórmula perfecta.

El Camino Iniciático, cuyo hollar implica disciplinar primero los cuerpos, depurándolos y poniéndolos al mandar del espíritu y paralelamente afirmar los propósitos y metas vitales en aras del Servicio desinteresado y el Amor Universal, le llaman, poéticamente “tomar el Cielo por asalto”.

Pero no es solo una alegoría o licencia de los bardos espirituales, sino una realidad en la praxis mística. La humanidad corriente, vale decir la gran aldea humana, apenas conoce sobre la espiritualidad y anda dormida realmente, a pesar de que viven una vida llena de sensaciones, de ocupaciones, prisas y licencia hacia sus necesidades emocionales, muy en especial en esta época de gran apego a lo sensorial. Y poco es consciente de su verdadera esencia y de su origen divino.

La evolución es el camino natural y lento, muy lento pero seguro, que la divinidad emplea en el decurso de la Gran Obra y por ello se dice también que los molinos de Dios muelen lento pero fino. Incuestionablemente, un atajo en ese camino es el ocultismo serio y propositivo, sendero privativo de las almas que finalmente, luego de incontables reencarnaciones, optan, cuando la fruta esté madura en efecto, por el sendero de la iniciación.

Como ya dijimos antes, hay dos grandes maneras de acercarse a Dios, nos han enseñado los grandes místicos e investigadores esotéricos cristianos como Max Heindel, dependiendo de la ‘clase’ de personas a la que pertenecemos: la una es el ocultista y la otra es la del místico, división que se remonta a la génesis de los tiempos del hombre.

El primero utiliza el cerebro para explicarse los misterios del Universo, de sí mismo y de Dios, mientras que el otro lo hace y se acerca a Él a través de la fe y del amor. Por cierto que ambos habrán previamente recorrido grandes trechos evolutivos y cursado enormes vicisitudes y asimilado muchas lecciones en sus vidas previas antes de tornarse aspirantes a estos pasos. Pero nadie es absoluta y completamente lo uno o lo otro.

Por ello, en algún momento de su vida, cada ser deberá aprender de ambos y hollará los dos caminos para así poder encontrar el equilibrio entre el corazón y la mente y tendrá que acercarse a la excelencia espiritual. Ese es el Aspirante que, pasando por las etapas Probatorias y mereciendo acceder a las Iniciaciones hasta arribar a la condición de Adepto, se aprestará a escalar Cumbres Superiores apenas imaginadas por el común de los mortales.

La epifanía de Saulo de Tarso es un ejemplo vívido de esos estadios espirituales. Por varios días pudimos sentir, arrobados en lo más hondo de nuestro ser, el reflejo de todo ese esplendor epifánico, esa maravillosa catarsis espiritual de este muy evolucionado hombre y decíamos en español, en ardua tarea, lo que C. Heline lo escribió en inglés: “Las escuelas iniciáticas, tanto antiguas como modernas, han valorado las instrucciones dadas y las disciplinas requeridas del aspirante en tres pasos principales que fueron conocidos entre los cristianos primitivos como: Dedicación, Purificación e Iluminación, o Preparación, Purificación y Perfección.

Esto bosqueja el trabajo del Probacionismo, Discipulado e Iniciación como se conoce en las actuales escuelas. San Pablo, uno de los más esclarecidos del cristianismo original, nos ha dado mucha información sobre las experiencias que marcan el progreso del aspirante en el Camino de la Santidad. El Camino de Damasco le llevó a San Pablo a la gloriosa cumbre de la Iluminación.

Se ha dicho con certeza que la Biblia tiene un significado alegórico; y por tanto el Camino a Damasco ha llegado a significar el Sendero de la Luz, debido al desenvolvimiento iniciático de San Pablo en dicho camino. Sin embargo ello no significa que la historia de Pablo constituya un mito o que nunca ocurrió de la manera como se la ha descrito.

Fue una historia verdadera y esta verdad está ennoblecida en todos sus detalles, pero además puede ser tomada como una representación que ilustra la experiencia de la iluminación que llega a todo aspirante. Esto es verdad para todo ser humano. La vida del más humilde, desde el nacimiento hasta la muerte, puede ser evaluada en toda su integridad y sublimes misterios derivados de sus numerosas experiencias.

Cómo esto puede suceder se entiende si nos damos cuenta que los arquetipos vitales existen en los cielos y la vida en la Tierra es la sombra que se funde en el tiempo y en el espacio según esos modelos divinos. Imperfecta como la vida pueda ser, no obstante, el arquetipo sagrado aun puede ser inferido del contorno de las sombras.

El Camino de Damasco fue el comienzo del Sendero para Saulo, que luego se llamaría Pablo. Si alguien guarda escepticismo acerca del hecho que la Biblia enseña las Verdades de la Iniciación y de los misterios que conducen hacia ella, estudiemos cuidadosamente los Tres Viaje de San Pablo como se registran en el Nuevo Testamento en el Libro Hechos y en sus Epístolas. Entonces se encontrará un nuevo significado profundo en las palabras de Pablo: “Hay leche para los infantes y carne para los fuertes.”

Su vida fue una potente imagen caleidoscópica de apasionados eventos. Le vemos como Saulo, resguardando los sayos de aquellos que apedrearon a Esteban; su primer encuentro con el discípulo Pedro; observamos su grandiosa iluminación en el camino a Damasco; más tarde, ya como Pablo Apóstol, le vemos apedreado y escarnecido una vez, adorado como dios en otra.

Le oímos en advocaciones con los atenienses en las colinas de Marte y luego elevarse en las alas de la inspiración cuando canta la melodía inmortal en la cual el amor precede a la fe y a la esperanza, un himno extático que nos traslada a los cánticos angelicales y que está cargado de belleza y poder y que arraiga su lugar en los corazones de todos los hombres por todos los siglos venideros.

Más tarde seguimos a Pablo al Sanedrín. Le vemos lanzar la víbora en el fuego, y finalmente, en las oscuras sombras púrpuras de los grandes pinos de Roma, su noble cabeza colocada bajo la segur del gobernador. Así advertimos a Pablo, el intrépido, el atrevido, el victorioso, cuya máxima de vida adoptada centenares de años después por una gran fraternidad oculta como el ábrete sésamo en su La Biblia, el Templo, fue encerrada en estas palabras: “No deseo nada más que a Jesucristo y a Él crucificado”.

Cada una de las semblanzas en la vida de Pablo golpea una distinta nota-clave y marca una fase específica de desarrollo. Una progresión similar del avance del alma, paso a paso, caracteriza al aspirante que consigue el estado exaltado de Pablo. Saulo, el precursor de Esteban, tiene apenas similitud con Pablo, el autor del divinamente inspirado canto de amor, exceptuándose solamente en el fervor de su temperamento.

El cambio de su carácter y consciencia fue lo que produjo el cambio del nombre de Saulo a Pablo, de este vigoroso y arduo espíritu, ya que esotéricamente los nombres son la expresión vibratoria de la idea que representan. El Saulo de Tarso es total y conscientemente erradicado del Pablo que escribió al final de la Epístola a Timoteo – aquella epístola que describe la meta superior para cada discípulo actual, su canto en espíritu: “He librado la buena pelea, he guardado la fe, he consumado el derrotero”.

La experiencia mística de Saulo, un nombre judío famoso y Pablo, un nombre latino de origen y forma griego, representan las dos naturalezas del hombre, a saber, la inferior (carnal) y la superior (espiritual). Saulo de Tarso, el intolerante, el vengativo, el perseguidor, surge de su experiencia como Pablo, el hombre nuevo. En él murió el viejo Adán y nació el Cristo interno. Su egoísmo se trocó en humildad; su sectarismo dogmático se transformó en fraternidad y compasión absoluta abarcantes.

Su intenso celo por la familia de Israel fue absorbido en amor por la humanidad. Su brillante futuro se cambió por una carrera unificante de sufrimiento y de renunciación, en tanto que honores y lisonjas fueron intercambiados gustosamente por escarnio y prisión. Renunció voluntariamente a todo lo que este mundo le ofrecía a fin de que llegase aun a ser el menor de entre los Apóstoles de Cristo, “si de esa forma pudiese salvar a alguno”.

¿De qué manera operó esta completa transformación? Adolf Deissman, en su obra acerca de la vida de Pablo se acerca a la verdad oculta cuando dice que la religión de Pablo es “Misticismo Cristiano” y que el Viaje a Damasco estableció el comienzo de su interiorización de Cristo. Por tres días y tres noches Pablo no vio la luz con sus ojos ni comió ni bebió. Durante este intervalo místico, sus ojos se abrieron y su conciencia se enfocó en los planos espirituales internos.

Su luz en este periodo no fue la del mundo físico sino la más alta de los reinos celestiales “. Ref: La Biblia Maravilloso Libro de la épocas- Corinne Heline. …………. Por cierto que ínsulas del conocimiento y de arrobaciones religiosas esporádicas apenas son suficientes para soñar anhelar el camino del Sacrificio y del Amor universal, como tampoco Samos, Delos y Paros parecen ser insuficientes ejemplo de cómo la misma tierra puede escenificar dramas y hechos tan singulares como el nacimiento del sabio Pitágoras y el aparatoso descenso del defectuosamente alado Ícaro.

Mefistófeles supo igualmente aprovecharse de esas urgencias y decepciones anímicas del ambicioso Dr. Fausto para buscar apropiarse de su preciado espíritu. Más, todos, estoy convencido, precisaremos cristificar nuestras vidas en esta parusía final, cuando Dios vuelva ser el Gran Conocido. José Mejía R.