LA CAUSA DEL DOLOR Y SUFRIMIENTO

Por Max Heindel,
Original en Revista Rays, 1915

Hoy tenemos nuevamente el propósito de concentrar nuestros pensamientos en la segunda parte del mandato de Cristo: “Curar a los enfermos”, porque consideramos que esta parte del mandato divino es tan vinculante para sus seguidores como la primera parte en la que se nos exhorta a “Predicar el evangelio”.                                                              Pero si entendemos este mandamiento correctamente, no nos contentaremos con tratar simplemente de aliviar el dolor, la tristeza o el sufrimiento presentes de cualquier persona o de cualquier número de personas. Intentaremos llegar al fondo de todo sufrimiento humano para que, al eliminar la causa principal, podamos erradicar los efectos. Para hacer esto, para llegar a una verdadera conclusión sobre el origen del dolor y el sufrimiento y los medios para su erradicación permanente, debamos volver al pasado muy lejano, de hecho, al comienzo de la existencia física.

La Biblia ha sido entregada al mundo occidental por los ángeles de registro, quienes entregan a cada nación la religión que está mejor equipada para guiarla en el camino de la evolución espiritual y física; y si buscamos la luz de esa fuente, ciertamente la encontraremos.

Debe tenerse en cuenta que Cristo enseñó a la multitud en parábolas, pero les dio a sus discípulos el significado de esas parábolas y las cosas más profundas concernientes a los misterios del Reino de los Cielos. Pablo también enseñó una verdad diferente, o más bien una verdad más profunda a aquellos que eran fuertes en la fe, pero dio la sabia de las doctrinas más elementales a los principiantes.

De manera similar, debamos entender que además del significado que la palabra de Dios tiene en su forma exterior, existe un lado más profundo y oculto sobre el que haremos bien en reflexionar hoy. Captemos la idea de que la tierra no fue siempre como lo es hoy; que ha habido un inmenso periodo de formación y que este planeta debe haber pasado por varias etapas de desarrollo antes de alcanzar la condición actual. Vemos en el cielo las nebulosas muchas veces ardientes y podemos entender que la humedad debe ser condensada por este fuego desde la fría extensión del espacio. También podemos entender que esta humedad se evapora rápidamente cuando entra en contacto con un vórtice ardiente y giratorio, así como como que el vapor generado se eleva hacia el espacio para condensarse nuevamente por el frio, pasando innumerables ciclos de evaporación y condensación hasta que finalmente se forma una corteza alrededor del núcleo. Esta corteza se vuelve más dura cuando la humedad superflua se evapora gradualmente como una niebla. La niebla eventualmente se reúne y se condensa en una nube, cayendo nuevamente sobre el planeta como un diluvio y dejando las condiciones del clima como las encontramos hoy en la tierra. En las enseñanzas Rosacruces, estas etapas se denominan épocas: Hiperbórea, Atlante y Aria. No hablaremos de estos Eones, pero durante la última parte de la época Lemuriana, cuando la humanidad aún vivía en las islas de fuego de la corteza terrestre en formación, eran muy diferentes a lo que la humanidad es hoy en día. De hecho, eran gigantes de una forma corporal que serían repulsivas a nuestras nociones actuales de simetría corporal y belleza física. También difería particularmente en este hecho: que el Ego aún no había aprendido a expresarse dentro del cuerpo de una manera adecuada y permanente. De hecho, en ese momento no sabían que tenían cuerpos; los usaban tan inconscientemente como nosotros usamos hoy en día nuestro aparato digestivo. Su vista se enfocó por completo en el mundo espiritual y veían a Dios cara a cara, o más bien a aquellos que pensaban que eran dioses, como los mensajeros divinos que los guiaban como niños son guiados por sus padres, ya que en ese momento no habían desarrollado ninguna voluntad. Al estar inconscientes de sus cuerpos, no sabían lo que significaba ni el nacimiento ni la muerte. La pérdida de un vehículo físico ocurría con frecuencia debido a las erupciones volcánicas que estaban a la orden del día en nuestra tierra en formación; pero era como la caída de una hoja seca de un árbol y no producía ninguna reacción en sus conciencias.                                                                              El nacimiento de un nuevo cuerpo tampoco fue un evento de distracción, ya que durante todo el nacimiento hasta su muerte sus conciencias estaban enfocadas en los reinos invisibles.                                En ciertas épocas del año, los ángeles, que siempre han sido los precursores del nacimiento, reunían a estas huestes de hombres infantiles en grandes templos donde realizaban el acto de la procreación, como un acto de sacrificio bajo los rayos planetarios apropiados. En esos momentos de contacto íntegramente íntimos, la atracción del hombre fue dirigida temporalmente de los mundos espirituales al mundo físico; “…y Adán conoció a su esposa” …   Así, la nota clave del cuerpo recién concebido estaba en perfecta sintonía con la armonía de las esferas del momento, y, por lo tanto, el parto era indoloro. La salud era perfecta y en ese tiempo la humanidad no tenía miedo a la muerte.

Pero Los Ángeles no eran todos de la misma naturaleza. Había dos clases, una en sintonía con el agua y la otra con el fuego. Es la última clase la que fue señalada por Isaías en ese maravilloso pasaje donde dice:

“Oh Lucifer, hijo de la mañana, cómo has caído:”

 

 

De los espíritus del agua o Ángeles verdaderos, el hombre recibió el cerebro. Pero Lucifer, espíritu del fuego, es el dador de luz. De los espíritus del fuego vino la luz de la razón. El cuerpo de deseos del hombre fue impregnado por ellos con una nueva facultad:  El Impulso, y fue necesario que usaran un instrumento físico para su propio desarrollo, y aunque no pudieron crear tal vínculo, le dijeron al hombre que tenía un cuerpo denso y también lo iluminaron sobre el método por el cual podría generar un nuevo vehículo en cualquier momento cuando el viejo muriera, independientemente de las condiciones planetarias. El hombre, cediendo a los Espíritus de Lucifer incitado por la pasión que le inculcaron, comenzó a reafirmar el acto generativo como un medio de disfrute y gratificación en lugar de un sacramento. Por lo tanto, los cuerpos nacidos bajo tales condiciones estaban fuera de tono respecto a la armonía cósmica. Por lo tanto, el parto se volvió doloroso, la salud se deterioró y la muerte entró en su reinado como rey de los terrores.

Mientras que Adán “conoció a su esposa” solo durante el tiempo en que los Ángeles presidieron el acto de propagación, su conciencia estuvo enfocada todo el resto del tiempo en el mundo espiritual. Pero las cosas se volvieron realmente diferentes cuando el hombre tomó el asunto en sus propias manos. Cuanto más a menudo “conocía a su esposa” para su propia auto gratificación, más se desconectaba de los reinos superiores, hasta que finalmente estos fueron olvidados totalmente.

Por lo tanto, en ese momento el nacimiento significaba en cierta manera el comienzo de la vida. También comenzaría el dolor para la madre y el bebé. La vida misma es generalmente un camino de dolor y sufrimiento ya que nos sentimos huérfanos en espíritu de nuestro padre.  Y al final está la muerte, el rey de los terrores, para llevar al espíritu a lo que es: una gran incógnita para nuestra conciencia física. Y todo a causa de ese impulso y pasión con que los espíritus marciales de Lucifer han impregnado nuestro deseo natural. Y mientras la luz del fuero de la pasión contamine nuestro deseo natural, este régimen de cosas debe continuar.

El antiguo testamento se abre con el relato de cómo el hombre fue extraviado por la falta de luz de los espíritus lucíferos engendrando toda la tristeza y sufrimiento en el mundo. Se Cierra con la promesa de que el sol de la justicia se levantará con sus alas curativas. Y en el nuevo testamento encontramos al Sol de Justicia, la verdadera luz que viene a Salvar al mundo, y el primer hecho que se afirma con respecto a él, es el de la inmaculada concepción.                                                                          Ahora, este punto debe entenderse a fondo, y debe quedar claro a partir de lo anterior, que es la corrupción de Lucifer que ha traído tristeza, pecado y sufrimiento en el mundo. Antes de la impregnación del cuerpo del deseo con el principio demoniaco, la concepción era inmaculada y un sacramento.

El hombre caminaba en un comienzo en presencia de los Ángeles, puro y sin ninguna vergüenza. El acto de fertilización fue tan casto como el de la flor. Por lo tanto, cuando se hizo la maldad, el ángel mensajero les ciñó con hojas para ensenarles el ideal que debían aprender a vivir, es decir, la de ser castos como lo es una planta.  Cada vez que seamos capaces de realizar en acto de generación de una manera pura, casta y sin pasión como lo hace la planta, tendrá lugar una concepción inmaculada y nacerá un Cristo, capaz de curar todo el sufrimiento de la humanidad, capaz de conquistar la muerte y establecer la inmortalidad y una luz verdadera para alejar a la humanidad de la pasión por la pasión. Esto debe hacerse por medio del auto sacrificio al compañero.      

Esto, por lo tanto, es un gran ideal hacia el que nos estamos esforzando, limpiándonos de la mancha del egoísmo y considerando el emblema Rosa-Cruz como nuestro ideal.  

Porque las siete rosas rojas tipifican la sangre limpia, la rosa blanca nuestra pureza de vida y la estrella radiante dorada simboliza esa inestimable influencia para la salud, siendo todo ello la ayuda y la elevación espiritual que irradia en cada servidor de la humanidad.

Traducido por Equipo de Traductores