Sobre la libertad – Elsa M. Glover

Podemos pensar que las leyes y costumbres de la sociedad, las leyes de estado y las leyes de la Naturaleza forman un tipo de muro alrededor de las acciones del individuo. El individuo puede realizar libremente cualquier acción que se encuentre dentro del espacio encerrado por dicho muro, pero si desea ir más allá, encontrará que sus acciones están restringidas y sus poderes para actuar disminuidos.

La sociedad puede aislarlo y el estado puede multarlo o encarcelarlo y violar las leyes de la naturaleza puede resultar en la enfermedad o de encontrarse en un entorno que carece de recursos y oportunidades.

Sin embargo, uno que permanece dentro del muro de la ley puede encontrar que su Ego no es el único gobernante de sus acciones, deseos o pensamientos. El cuerpo físico, el deseo y el cuerpo mental tienden frecuentemente a responder a estímulos externos en lugar de a las órdenes del Ego.

La mente tiende a vagar en la dirección en que las corrientes mentales fluyen sobre ellas. Los sentimientos tienden a tomar la sombra y forma del ambiente. A menos de que el Ego pueda reunir suficiente fuerza para contrarrestar estas tendencias, uno flota en la corriente de la vida y se deja llevar a donde sea que fluya la corriente.

¿Podría el Ego hacerse valer, obtener control de los cuerpos y hacer que estos actúen de acuerdo con sus órdenes? Si, pero esto requeriría una atención consciente y constante.

¿Qué debería hacer uno para ayudar al Ego a obtener un control completo? En primer lugar, uno debe reconocer las causas de sus acciones. Debe distinguir entre aquellos actos que responden al medio ambiente y aquellos que son dirigidos por su Ego. Algunos actos, por supuesto, estarían comprendidos en ambas categorías; pero los actos que son solo respuestas del medio ambiente y que vanen contra de la dirección del Ego deberían ser particularmente reconocidos.

En segundo lugar, al menos una vez al día, uno debería tomarse un tiempo para desconectar de su mente y del clamor y del ruido del mundo externo y volverse interiormente silencioso. De esta forma el Ego podrá obtener sus comandos a través de los cuerpos. También debe aspirar a llevar ese sentimiento de paz interior a la vida cotidiana para que el Ego pueda comunicarse constantemente con sus vehículos.

En tercer lugar, cuando se hace una resolución, debe mantenerse, a menos que se encuentre que es un error. Si la resolución era lograr algún objetivo, la lentitud, las demoras o los fracasos repetidos no deberían debilitar la determinación. Si la resolución era realizar algunas tareas en beneficio de una persona o de una sociedad, la gratitud o ingratitud que uno recibe no debería influir en sus acciones.

No se puede esperar que el Ego obtenga el control completo en poco tiempo, independientemente de la cantidad de esfuerzos asignados a la tarea, ya que los cuerpos físico, de deseo y mental no tienen toda la estructura necesaria para que sean instrumentos del Ego completamente sensibilizados y adecuados para ello. Sin embargo, los esfuerzos repetidos del Ego para mantener el control actuarán como una fuerza impulsora en la producción de esa sustancia y estructura necesaria.

Por ejemplo, en el cuerpo físico, el corazón se está convirtiendo en un músculo voluntario. Eventualmente será posible el control consciente

del corazón y será posible controlar las partes del cerebro a las que fluye la sangre y, por lo tanto, controlar completamente el tipo de pensamientos que se desarrollan.

Goethe escribió: ¨De todos los lazos que mantienen al mundo encadenado, el hombre se libera cuando gana autocontrol¨.

Cuando el Ego controle los cuerpos completamente, también estará libre de la ilusión de separación adquirida por ellos. De ahí que el Ego se sienta bondadoso con todo, y, de hecho, con toda la vida. El Ego no piensa en dañar a otra persona o hacer algo que perjudique a la humanidad en su conjunto.

A este punto, las leyes de la sociedad, del estado y de la naturaleza ya no actúan como restricciones sobre el individuo porque las leyes solo le dicen a la persona que no haga algo que en realidad ya no desea hacer.

Lograr un control completo sobre los cuerpos para que uno sea capaz de responder al odio con amor, para reemplazar la falta de armonía con armonía nos hará asimismo capaces de pagar las deudas del destino para que eventualmente uno se libere de la necesidad de renacer de nuevo.

El camino hacia la libertad parece paradójico porque a uno se le dice que, para ser libre, uno debe regularse muchas veces más estrictamente que con la ley de la tierra o la ley de la naturaleza. Pero la resolución de la paradoja se lleva a cabo si tenemos en cuenta la naturaleza de nuestro verdadero YO.

Muy a menudo pensamos en nosotros mismos en términos de nuestros cuerpos físicos, de deseos o mental, pero nos olvidamos que éstos son solo instrumentos temporales del Ego, que es el verdadero YO.

Es el Ego, no los instrumentos, los que buscan la Libertad.