Interpretación Mística de la Pascua

“Estamos nuevamente en una de las fechas más sagradas del año, la Semana Santa. Recordemos nuevamente, el hecho cósmico de todo lo relacionado con nuestro Salvador, el Señor Cristo Jesús. Más, desde siempre llamamos a Cristo nuestro Salvador, pero ¿tenemos claro de qué nos salvó? y ¿Por qué le llamamos Salvador?

Sabemos que somos Chispas Divinas, que en Dios vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser, que la vida es una escuela y que a través del aprendizaje de sus muchas lecciones, la humanidad está evolucionando lentamente hasta llegar a la Divinidad. Ahora bien, si hubiéramos aprendido las lecciones, tal como nos fueron dadas, no hubiera habido necesidad del gran sacrificio que fue hecho y sigue manifestándose por el Espíritu de Cristo, la encarnación del Amor Divino.

Pero sucedió que a través del egoísmo, la desobediencia de la ley y las malas prácticas, nos habíamos cristalizado tanto y a tal grado, no solamente nuestros cuerpos físicos, sino también la Tierra en que vivimos, que como medio de evolución habían llegado  a ser completamente inútiles. En ese momento, nada podía salvarnos de los resultados de nuestros propios errores.

Entonces el compasivo Cristo, el Iniciado más elevado del Período Solar, se ofreció a sí mismo y a su gran poder de Amor, para romper las cristalizadas condiciones de los cuerpos humanos y de la Tierra. Cristo nos salvó de perder toda oportunidad de continuar evolucionando. Cuando fue crucificado en el Gólgota, después de predicar durante tres años con la palabra, el precepto y el ejemplo de su gran sacrificio por la humanidad y su misión no terminaba, sino que al contrario, recién empezaba.

Desde entonces, cada año, el 21 de Junio, Él inicia su jornada descendente desde los Mundos Superiores. El 21 de Septiembre retorna a la Tierra tocando nuestra atmósfera y llegando finalmente al centro de la misma en la medianoche del 24 de Diciembre, todos los años desde hace más de 2.000 años. Él permanece durante tres días en el centro de la Tierra y luego comienza a salir, lo que completa en la época de Pascua.

Esta actividad germinal del Padre, que fue traída a nosotros por el Cristo y liberada completamente en la época de Pascua, es la que inicia un crecimiento renovado y una actividad aumentada en la planta, el animal y el hombre en esta particular época del año (de modo especial en el Hemisferio Norte). Es durante los nórdicos meses de invierno, que el Cristo realmente agoniza gimiendo, trabajando y esperando el día de su liberación, el que llega en la época llamada por las iglesias ortodoxas como Semana Santa. Sin embargo, las enseñanzas ocultas y místicas, nos revelan que esta semana es precisamente, la culminación de su sufrimiento y que Él está saliendo de su prisión de la Tierra.

Cuando el Sol cruza el Ecuador, Él cuelga de la cruz y exclama Consumatum Est, es decir, “todo está consumado”. Pero éste no es un grito de agonía, sino uno de triunfo. Es la exclamación de gozo por la hora de la liberación que ha llegado y que de nuevo le permite remontarse, por un corto período, libre de la prisión y el sufrimiento que representa para Él nuestro planeta Tierra.

Por eso queridos hermanos, es que debemos alegrarnos con Él en esta grande, gloriosa y triunfal hora de su liberación. Su sacrificio anual se ha completado nuevamente. Alegrémonos y agradezcamos desde lo más profundo de nuestros corazones, porque el Cristo ha imbuido con nueva vida a nuestro planeta hasta la próxima Navidad, época en que todo el drama cósmico se iniciará nuevamente.

FELICES PASCUAS PARA TODOS

FRATERNIDAD ROSACRUZ MAX HEINDEL