La Homosexualidad

Max Heindel no se refirió explícitamente al tema de la homosexualidad. Podemos, sin embargo, deducir, de un modo lógico, cuál sería su punto de vista, teniendo en cuenta su respuesta a la pregunta: ¿Cuál es el pecado contra el Espíritu Santo?

Recordemos que el Espíritu Santo es el poder creador de Dios y que “un rayo de ese aspecto de Dios se emplea por el hombre para perpetuar la especie.  Cuando se abusa de ese poder creador para gratificar los sentidos, bien en forma solitaria, bien con alguien con o sin matrimonio legal, se comete pecado contra el espíritu Santo. Y la Humanidad está experimentando las consecuencias de ese pecado. Los cuerpos débiles y las enfermedades que encontramos por doquier son las consecuencias de siglos de abusos. Y, hasta que no aprendamos a subyugar las pasiones, no habrá salud para la raza humana.

Dado que la relación homosexual involucra a individuos del mismo sexo es, por naturaleza, improductiva, estéril. Esta relación se da, exclusivamente, para gratificar los deseos de los intervinientes. Y lo mismo puede afirmarse de toda relación heterosexual que evada la fertilización, en busca sólo del placer egoísta.

Del hecho de haber renacido varias veces seguidas con el mismo sexo no puede deducirse que, en la siguiente encarnación, se nacerá con una marcada tendencia hacia esa polaridad. Las lecciones aprendidas y las aptitudes desarrolladas durante una o varias vidas se integran con la totalidad de la experiencia del Ego, produciendo su efecto correspondiente.

La “atracción” entre dos personas del mismo sexo es natural y universal y está basada en innumerables características y cualidades que hacen a las personas más o menos atractivas física, moral, intelectual o espiritualmente. Si esa atracción se desvía hacia la esfera sensual y busca, específicamente, la gratificación del deseo, entonces se convierte en lo que los Padres de la Iglesia llaman lujuria o concupiscencia.

Las relaciones entre personas del mismo sexo no siempre son sinónimo de homosexualidad, puesto que, en muchos casos, no interviene la relación sexual. Dos personas del mismo sexo pueden, legítimamente, sentir amistad mutua, apreciarse recíprocamente o compartir intereses.

La erosión de la disciplina moral, ocasionada por la secularización de la sociedad y el consiguiente debilitamiento de la autoridad religiosa tradicional, dan por resultado, generalmente, una mayor libertad y permisividad sexual que incluye la homosexualidad.

En cuanto al karma generado por la actividad sexual de cualquier tipo que sea, Max Heindel aclara que “cada persona es dueña de su propio cuerpo y, por tanto, responsable ante la Ley de Consecuencia, del abandono del mismo a otra persona”.

Otra característica de la homosexualidad es que evita la función primordial de la cohabitación y del matrimonio: la procreación. Una vez más, dice el Concepto: “es un deber y un privilegio de toda persona sana y de mente pura, proporcionar vehículos a cuantas entidades pueda, en concordancia con su capacidad para proveer por ellas”.

La presente época se caracteriza por confundir la búsqueda de la libertad espiritual con de la libertad para hacer lo que uno quiera, sin tener que responder de lo que haga. Desgraciadamente, muchos de los que se denominan homosexuales estarían calificados, por su inteligencia y su prosperidad material, para cuidar, como hijos, de almas avanzadas, que no encuentran ambientes apropiados para renacer.

Lo que actualmente se ve como una oleada de creciente homosexualidad, no es sino una fase  transitoria de un largo proceso.

La disolución de la familia y de las instituciones religiosas produce crisis culturales que se traducen en traumas individuales, experiencias problemáticas, búsqueda, sin límite, del placer e inseguridad, disfrazada de desafío. Estos síntomas de cambios en credos y patrones de conducta darán lugar, con el tiempo, a la formulación de estructuras relacionales basadas en prácticas más regeneradoras y altruistas.

Con la excepción del Servicio, Max Heindel no dio importancia capital a ningún otro tema, en relación con el desarrollo esotérico. Su mensaje fue breve y está desprovisto de toda ambigüedad: “La pureza es la única llave con la que el aspirante puede abrir las puertas de Dios.” Y en sus “Cartas a los Estudiantes”, dice en la nº 13: “La esencia del símbolo rosacruz y el fundamento de la enseñanza de la Sabiduría Occidental es la misma: la pureza en la generación. Al espíritu occidental se le permite probar su fortaleza viviendo la vida conyugal, y teniendo la oportunidad de realizar la inmaculada concepción, simbolizada por la casta y bella rosa, que da su semilla sin pasión ni vergüenza”.

Los que han despertado a la llamada del espíritu, pronto se encuentran con que “la ciencia oculta enseña que la función sexual nunca debe emplearse para gratificar los sentidos, sino sólo para la procreación”. Y ello porque el uso de la fuerza creadora para el placer retarda el crecimiento del alma, ya que esa energía es necesaria para la construcción del cuerpo alma.

El Espíritu Santo es la energía creadora de la naturaleza y la energía sexual es su reflejo en el hombre; por lo que su uso indebido o su abuso hemos de expiarlo en cuerpos débiles, para que reconozcamos la santidad de la función reproductora. Pero, ¿qué es lo que constituye un mal uso o un abuso de esta energía? Nuevamente Max Heindel aclara que “la función sexual está diseñada únicamente para la perpetuación de las especies y, por ningún concepto, para la gratificación del deseo sensual”.

¿Y cuáles son las consecuencias de ignorar esta advertencia? Nos dice Max Heindel en Cartas a los Estudiantes: “La condición del que ha recibido la luz del mayor conocimiento dado hasta hoy a la Humanidad y que transgrede la ley, abusando de la fuerza creadora, puede llegar a ser más severa que la de los que ahora constituyen los antropoides… En la actualidad, la fuerza vital debería ser transmutada en poder anímico”.

En otro momento, en “Los Misterios de las Grandes Óperas”, dice: “A través de la pasión, el espíritu ha ido cristalizándose junto al cuerpo; y sólo la castidad puede romper esas las cadenas, y sólo en la medida en que elevemos “el amor del sexo por el sexo”, al estándar “del amor del alma por el alma”, podremos romper el velo que nos ata”.

Una vez más, en “El velo del destino”, dice: “La fuerza espiritual liberada desde el momento de la pubertad, bien sea que se emplee para la generación, para la degeneración o para la regeneración, está presente en cada momento de nuestra existencia y determina muestra actitud en cada una de las fases de la vida en relación con nuestro prójimo”.