Tiempo y eternidad en el pensamiento occidental

20° ENCUENTRO INTERNACIONAL

De las Asociaciones y de los grupos Rosacruz Europeos

Pescia – 4/7 agosto 2016

TIEMPO Y ETERNIDAD EN EL PENSAMIENTO OCCIDENTAL

Del tiempo, a menudo tenemos un concepto genérico, y a veces, incluso contradictorio, como el representado por Agustín en el libro XI de las confesiones: si nadie me pregunta qué es el tiempo, lo sé, pero si quiero explicarlo a quien me lo pide, no lo sé.

Las palabras de Agustín nos proponen una serie de preguntas que son fundamentales para los efectos de nuestro congreso: el tiempo existe, o no? Y si es sí, cómo está constituido? dónde y cómo nace? cómo puede ser definido?

He encontrado respuestas a tales interrogativos, principalmente en el pensamiento de los antiguos, tal vez, porque las reflexiones de aquellos estaban menos ligadas a la dimensión terrena y más orientadas a lo trascendental.

Para los Pitagóricos, el tiempo era la medida del movimiento de los cuerpos celestes, en efecto, es la rotación de la tierra, que nos permite ver el sol cuando sale y se pone, el mismo, era y continua a ser el primer reloj de los seres humanos. Con Platón, el discurso se hace más articulado, el tiempo para el grande filósofo, representaba la imagen móvil de la eternidad,1 – definición que le permitía distinguir por una parte los conceptos de: presente, pasado y futuro, ligados a la marcha de los cuerpos celestes y, por la otra, el concepto de eternidad concebido como eterno presente.

Para la doctrina platónica, el tiempo era una magnitud real, presente en la dimensión física y preexistente a todas las cosas del mundo tangible que, precisamente nacen y mueren en el tiempo.

Aristóteles, acogió la concepción Platónica, incluso la distinción entre tiempo y eternidad, pero con una variante sustancial,: definió el tiempo como número del movimiento según el antes y el después,2- Afirmando que no era el tiempo a hacer correr las cosas y los acontecimientos, sino el movimiento- es decir, la sucesión de las cosas y de los acontecimientos- marcan el tiempo; quién tenía razón? Existe realmente el tiempo universal y absoluto, imaginado por Platón, en el cual se desarrolla y evoluciona todo el cosmos? O, bien- como apoyado de Aristóteles- el tiempo es simplemente una unidad de medida que brota de la puntual repetición de los equilibrios astrales y de las leyes que rigen la física universal?

El siguiente pensamiento medieval y renacentista adoptó la segunda tesis, cuyo planteamiento fue utilizado, en la época moderna, también por Hobbes, Berkeley y Locke, padres del empirismo inglés, para los cuales el tiempo tendría una vertiente subjetiva, fruto del movimiento aristotélico y del procesamiento mental del hombre,3- Cuando el enfoque aristotélico pareció prevalecer definitivamente, la comparación fue reabierta por Rene Descartes en el siglo de la manifestación rosa+cruz, con la distinción entre tiempo- definido, como la manera de comprender, bajo una común medida, la duración de todas las cosas, 4 y, duración, en sentido indefinido del universo: en otros términos, una indirecta reproducción de la concepción Platónica.

De allí, la distinción cartesiana fue posteriormente elaborada por Isaac Newton, con la mayor diferenciación entre tiempo relativo – entendido como medida sensible y ampliada mediante el movimiento – y el tiempo absoluto (o duración) concebido con los rasgos de la realidad metafísica, como expresión de la manifestación de Dios. Escribió en los Principia: el tiempo absoluto verdadero, matemático, en sí mismo y por su naturaleza sin relación a influencias externas, fluye uniformemente.5-En la práctica, con su física, Newton asumió que el tiempo sigue corriendo inexorablemente también en el espacio vacío más absoluto, donde no hay nada y no sucede nada.

Poco después, Leibniz, no dudó en discutir con Newton sobre el concepto del tiempo, y así, lo hizo Kant, con uno y con el otro; sin embargo, por más de dos siglos la cultura y la ciencia siguieron creyendo – como había enseñado Newton – que el tiempo y el espacio tiene un valor absoluto e uniforme.

Sin embargo, todo fue puesto en discusión en 1905, cuando un empleado de la oficina de patentes de Berna, de nombre Einstein, teorizó la relatividad restringida (o especial), argumentando en particular que espacio y tiempo no son absolutos, – entones, ni eterno, ni inmutable – sí, relativos, en el sentido que necesariamente depende de la realidad circundante que, por lo tanto, representa el necesario marco de referencia sea para el espacio, que para el tiempo.

Otra innovación introducida por la relatividad restringida, fue la nueva concepción del presente, es decir: del tiempo puesto entre el pasado y el futuro. Siempre se pensó que éste era el momento fugaz que no hace tiempo a llegar, que ya pasó; Por el contrario, según la teoría de Einstein, la duración del intervalo que corre entre pasado y futuro, entre antes y después, depende de la distancia en el espacio. Explica el físico Carlo Rovelli: por ejemplo, si nosotros estamos hablando en la misma habitación, el intervalo entre pasado y futuro, es de unos poquísimo segundos que no lo notamos. Si hacemos una llamada desde New York dura un milésimo de segundo, todavía, demasiado poco para notarlo, pero, si yo estoy sobre la Tierra y tu sobre Marte, ahora el tiempo – no es pasado, ni futuro – dura un cuarto de hora.

Esos quince minutos, no están en mi pasado ni en mi futuro, están en la –zona intermedia- lo que determina una consecuencia importante; significa, que no se puede decir- en este momento en el universo las cosas están de un determinado modo- porqué en el universo, en realidad, no existe –este momento-6 Diez años después, a las posteriores elaboraciones de su teoría, Einstein agrega a las tres dimensiones del espacio – largo, ancho y alto – también el tiempo, como cuarta dimensión, llegando así, al concepto único de espacio-tiempo y, sobre todo a demostrar el fenómeno de la dilatación del tiempo: el tiempo disminuye a medida que se acerca a la velocidad de la luz (300.000 Km/s).

El descubrimiento fue sensacional, pero, perjudicó, decisivamente, el significado y el valor mismo del tiempo, hasta a aquel momento entendido como unidad e medida universalmente homogénea y valida en cada circunstancia.

Por fin, de vuelta, el pasado mes de febrero, sale el tema del descubrimiento de las ondas gravitacionales, las curvaturas del espacio- tiempo, ya consideradas en la teoría de la relatividad general de Einstein, que han demostrado que la ciencia no es solo un instrumento de cálculo, también, es capaz de ofrecer predicciones sorprendentemente exactas, incluso en el mundo de realidades inobservables como los electrones, agujeros negros y ondas gravitacionales.

De hecho, la teoría de la relatividad, ha representado un profundo desorientamiento revolucionario para la física clásica y para las creencias del hombre común. Posteriores teorías sobre el mundo subatómico, sobre cuantos y sobre la mecánica ondulatoria, llegaron a conclusiones aún más radicales, hasta la paradoja de considerar inútiles y superados tanto el principio de la persistente relación entre causa y efecto, que a la propia noción del tiempo.

Y ahora? Quedó sin efecto cada certeza temporal?

No exactamente, la línea de la reflexión sobre el tiempo se corrió más adelante, pero existe y todavía es necesaria, como lo demuestran numerosos estudiosos contemporáneos; entre ellos, El físico Leo Smolin – uno de los padres de la teoría de la gravedad cuántica de bucles, ( LQG, por Loop quantum gravity), o también gravedad cuántica de recurrencias, – que en su reciente libro7- ha criticado la teoría de la relatividad y de la física cuántica, calificándolas como definiciones teóricas abstractas, excluyendo el tiempo, como atributo fundamental de la naturaleza y negando su existencia, basándose en simples ecuaciones, en vez, que con el estudio de la realidad de la naturaleza y de las leyes que la regulan.

Confirmando la existencia del tiempo, el científico alegó numerosas razones, entre ellas el sentido de causalidad presente en las mismas leyes de la naturaleza, propio porqué son reguladas por la relación –causa-efecto-, y presuponen en forma permanente un antes y un después.

En este sentido, podemos añadir que, eliminando los conceptos de espacio y tiempo, también hay que hacer menos de otros conceptos esenciales, tales como el del movimiento que, por definición, es la condición de un cuerpo que cambia posición en el espacio con el paso del tiempo.

Podemos por lo tanto retener que los principios de la física teórica, por cierto importantes, no son al momento en grado de sustituir y reemplazar nuestro habitual y común modo de pensar en términos de tiempo, que es medido todavía, en dos modos indicados por el poeta Ralph W. Emerson: por una parte, el instante que se disuelve mientras se lo vive; por el otro, la continuidad lineal de nuestra existencia, en la cual la repetición de nuestros actos de bondad se transforman en virtudes y la recurrencia de las malas acciones en vicios, sin embargo, en plena consonancia con la correlación entre la repetición heindeliana de la conducta y la evolución del cuerpo vital.8 En consonancia con esta perspectiva, en la doctrina rosacruciana el tiempo adquiere una importancia primordial, ya que es una condición esencial para la evolución y la salvación de todos los hombres, como vamos a evaluar, posteriormente en las sucesivas Intervenciones.

Al respecto, es oportuno recordar que, a diferencia de la concepción cíclica de los antiguos y de aquella lineal de la tradición cristiana, los rosa+cruz sostienen: la concepción del tiempo a espiral, con planos progresivos de evolución siempre más avanzados, sabemos además, en mérito al origen y a la evolución humana, que las enseñanzas hacen explícita referencia a periodos de tiempo de involución y de evolución, como también a las leyes de reencarnación y consecuencia que han hecho y van a hacer por cada uno de nosotros la síntesis de un sinnúmero de experiencias, conseguidas a través de tantas vidas ya vividas, o que, viviremos en épocas diferentes a las actuales.

Por consiguiente, el tiempo es un requisito previo esencial tanto en relación con nuestro crecimiento espiritual, tanto en relación con la evolución de nuestros cuerpos sutiles e incluso para aprovechar los efectos beneficiosos de la oración, como fue capaz de entender Simone Weil, en el comentario al texto del evangelio del “Padre Nuestro “: no es posible, recitar el “Padre nuestro” ni una sola vez, sin que un cambio pequeñísimo, pero real, no se produzca en el alma.9- A diferencia del tiempo, concebido como cantidad mensurable, el concepto de eternidad, se entiende comúnmente como tiempo infinito, sin comienzo ni fin, de acuerdo a la percepción de la perpetuidad de Heráclito, mientras que la noción de la inmortalidad, indica un período de tiempo sin fin, pero, que tuvo un comienzo.

Sin embargo, si se considera el significado etimológico, el término eternidad deriva del Latín ex –ternum, es decir, fuera de la triada (pasado, presente y futuro) o sea, fuera de la concepción del tiempo:

Pues, eternidad no como tiempo infinito, sino como duración independiente del paso del tiempo.

Fue Parménides, el primero a expresar el concepto de eternidad atemporal identificándolo con el divino y eterno presente: nunca ha estado ni tampoco estará, porque es ahora todo junto.10 –Por otra parte, si no fuera así, el mismo concepto de eternidad vendría a menos, con lo que resultaría en evolución como el tiempo pero, perdiendo la propia característica, que es la de permanecer siempre igual a sí mismo.

Después de Parménides, el término fue utilizado constantemente con idéntico significado por todo los grandes pensadores occidentales, de Platón a Plotino, de Agustín a Boecio, a Tomás De Aquino hasta nuestros días.11- Ahora, una eternidad entendida como la duración infinita, sin principio ni fin, que persiste en un presente perpetuo, donde todo existe a la vez, puede ser una prerrogativa de un Ser Divino, en este caso, hablamos propiamente de Dios: no de una altísima relación de entidades, cuál es, por ejemplo el Creador de nuestro Universo, pero el ya, existente que preside y Se informa a todos los planos cósmicos de la existencia.

Tal concepción de Dios- es por deducción, incluso los conceptos de eternidad y eterno presente – y sintéticamente testimoniada en El Concepto Rosa+Cruz del Cosmos, tanto como absoluto trascendente que, en su infinidad, eternidad, perfección, sencillez, están más allá de nuestra comprensión.12- Tanto, sea, como un espíritu inmanente al mundo físico, arquitecto del tiempo, y necesariamente presente en todas las cosas, porque de lo contrario, su singularidad sería incompleta. Por lo tanto, tras la debida consideración los Rosacruces afirman que el espacio es espíritu en su forma atenuada, mientras la materia es espíritu cristalizado.13- En perfecta concordancia, la Fama Fraternitatis narra que sobre la tumba de Christian Rosenkreutz está escrito lo siguiente: Nequaquam vaccum: El vacío no existe.

Por lo tanto, toda la realidad, a pesar de ser aparentemente múltiple, es única e inseparable en la sustancia y, por lo cual, todo lo que existe es, en forma más o menos atenuada, parte integrante de Dio, aunque Dios es, obviamente algo más respecto a cada una de sus partes.

Como los Rosacruces, sabemos que Dios, en su esencialidad es espíritu; también nos han revelado que el hombre es: además espíritu y que Dios y el hombre, en la realidad del espíritu, son dos y son uno, por esta razón, esperamos volver un día, con completa conciencia, a la divina fuente de la cual provenimos-

Si tal es, nuestra fe, Dios represente para nosotros la realidad verdadera y absoluta, el Ser único que todo lo contiene, pero que, simultáneamente, todo lo trasciende, mientras nuestro mundo material – a pesar de ser parte integrante de la divinidad – represente el aspecto transitorio, es decir relativo.

Por analogía, incluso nuestro tiempo delante a la eternidad, es aparente; pero necesario para adquirir experiencia, y con ella, una expansión de la conciencia, que nos permita comprender realidades siempre mayores y completas, hasta la autorrealización.

Me gustaría concluir mi discurso con un poema escrito por una poeta contemporánea de origen alemán. Elli Michler, que se titula Te deseo tiempo, con la esperanza de conseguir los objetivo que más deseamos.

No te deseo un regalo cualquiera:

te deseo tiempo, para divertirte y reír;

te deseo tiempo para hacer y pensar,

no solo para ti mismo, también para darlo a los demás.

Te deseo tiempo, no para apurarte y correr,

no solamente para pasarlo,

para sorprender y confiar.

Te deseo tiempo para tocar las estrellas,

tiempo para crecer y madurar.

Te deseo tiempo, para esperar, y volver a amar,

para que encuentres a ti mismo,

para vivir cada día, cada hora como un regalo.

Te deseo tiempo también para perdonar.

Te deseo que tengas tiempo, tiempo para la vida.

Antonio Mrozek

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1 Platone, Timeo, 37 d

2 Aristotele, Fisica, IV, 12, 219 b

3 Thomas Hobbes, De corpore, 7, 3 (anno1665) – John Locke, Saggio sull’intelletto umano, II, 14, 19 (anno1690)

4 Renè Descartes, Principia philosophiae, I, 57 (anno1644)

5 Isaac Newton, Naturalis philosophiae principia mathematica, I, def. VIII (anno1687)

6 Carlo Rovelli, La realtà non è come ci appare, ed Cortina; Sette brevi lezioni di fisica,

Adelphi

7 Leo Smolin, The Time Reborn, 2013

8 Cosmogonia dei Rosacroce, cap. XVII

9 Simone Weil, Padre nostro, ed. Castelvecchi

10 Parmenide, Sulla Natura, 28 B 8.5 D – K

11 Platone, Timeo, 37 e – 38 a; Plotino, Enneadi, III, 7, 5; Agostino, Confessioni, libro XI;

Boezio, De consolazione philosophiae, V, 6; Tommaso d’Aquino, Summa theologiae, I,

10, 1

12 Cosmogonia dei Rosacroce, cap. V

13 Idem, cap. XI

 

Preguntas:

¿ Definición del concepto del tiempo en la filosofía Rosacruz ?

¿ La importancia del tiempo en nuestra evolución espiritual ?

¿ Tiempo y eternidad: conceptos opuestos o complementarios ?